
A mi madre
Ella que escuchó tantas historias,
Ella que fue poeta, así,
sin quererlo,
con la espontaneidad
con la que nacen las rosas.
Ella, punto.
Ella que pintó del azul de sus ojos
las almas de sus hijos.
Ella que adoptó a tantos como hijos.
Ella, coma,
que pasó sutil
envuelta en una esfera.
Ella, que fue pasión,
pero a la luz de una vela.
Ella, interrogante,
que buscó en las letras
los rincones de su alcoba personal,
de su alcoba paralela.
Ella, que me enseñó
que las cosas buenas
llegan cuando menos te lo esperas.
Ella, puntos suspensivos…
Ella, sin más, riendo, a pesar.
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